“He decidido ser feliz.” Un decreto que nunca antes me había propuesto en conciencia, mas secretamente anhelaba en mi corazón. Anhelaba profundamente la estabilidad, una salud perfecta, un ingreso con propósito, que los planetas se alinearan, que la Divinidad pusiera las señales en un billboard para entender claramente cuál era mi destino y que todo sucediera con el mínimo esfuerzo y dolor, por supuesto.
Y es que no lo tenía claro. A todos nos pasa. Son esos momentos dónde la lucidez se va de vacaciones y te quedas en la nube de inseguridades, crisis y desesperanza. Estaba relevando mi responsabilidad y olvidando mi poder personal. Quería que las respuestas vinieran de afuera. Necesitaba esa validación externa para creerme y sentirme capaz.
