Por Laura Velazquez
¡Para sanar hay que transformarse y evolucionar! En eso ha consistido mi camino con el Yoga. En el 2004 llegó a mi vida de manera inesperada, mientras trabajaba en el “ Synergy Healing Arts Center” en Miami Beach, donde como parte de mis tareas como “front desk attendant” debía de tomar todas las clases de yoga para orientar a los practicantes o personas interesadas en asistir.
En mi primera clase, al darme cuenta de que no podía pararme de cabeza (habiendo sido gimnasta), una fibra profunda se movió en mi interior y, estando ya en savasana, no pude contener el llanto. Lloraba de agradecimiento por haberse abierto una puerta a mi interior; sentí mucha curiosidad y pensé “esto es para mi”. Entonces, supe cuánto tenía que trabajar conmigo. Fué un momento clave que me hizo comenzar a despertar: darme cuenta de mi frustración, de mi ego herido, de que debía poner luz en ello.
Comencé mi viaje al interior y recibí muchas respuestas a mis inquietudes como joven con ganas de conocer mi propósito de vida. Este viaje de autoconocimiento, en el 2024, cumple 20 años y, cuando miro hacia atrás, veo todo el camino andado y solo puedo agradecer todo lo lindo que ha pasado en mi vida gracias a las capas de basura, condicionada por la sociedad, que he soltado.
Romper con todas esas creencias limitantes, juicios, egos, no ha sido nada fácil. Pero gracias a la práctica constante, ha sido posible. Ha requerido mucha autocompasión.
La yoga me llevó a la meditación, que también me ha acompañado todos estos años. Con 10-20 minutos diarios, a largo plazo, he sentido los beneficios: una mente clara y mucha paz conmigo misma.
Para mí, el yoga es sinónimo de salud ya que, no hay ninguna otra herramienta en el mundo que conecte el cuerpo físico, la mente y el espíritu. La práctica física o Hatha Yoga, es un vehículo que te deja saber exactamente dónde tienes que poner la luz; partiendo de la premisa de que ya estamos iluminados, solo que no nos hemos dado cuenta.
Con la vida ajetreada que vivimos, es indispensable pausar y reflexionar, para transformarnos, para ser mejores personas a diario. En lugar de apuntar hacia afuera y echarle la culpa de nuestros problemas a los demás, apuntamos hacia a adentro para ver qué me está enseñando esta situación y tomar cartas en el asunto, siempre para mejorar como ser humano.
Al hacer las asanas, o posturas, debemos notar qué emociones florecen cuando algo “no me sale”. La tendencia de nuestra mente suele ser ir a lo negativo, a la frustración, a la comparación, al juicio; más la yoga nos enseña a ser amables y pacientes con nosotros mismos para luego aplicarlo a nuestro entorno.
En cuanto al aspecto físico, el yoga acondiciona nuestro cuerpo completamente a través de los estiramientos, el balance, el enfoque y fuerza que ejercemos, unidos siempre a la respiración.
Conectamos con esta maquinaria perfecta a la que llamamos cuerpo. ¡De repente nos damos cuenta de partes que no usamos! Y es como dejar un carro estacionado en el garaje, si no lo usas se daña.
El Yoga previene lesiones, nos mueve la energía, oxigena los tejidos, promueve la buena digestión y retrasa el envejecimiento, ya que nos extiende la vida útil. Si practicas algún deporte te mejora el rendimiento.
El yoga salvó mi vida cuando estaba en malos pasos. Ha limpiado mi camino de miedos e inseguridades, vicios y ambientes tóxicos. Me ha ayudado a conectar con mi intuición, la cual me guía por dónde ir y por dónde no, dónde tengo que poner límites, dónde tengo que ser flexible, lo que resuena o no resuena conmigo, con mucha aceptación y confianza en ese Ser supremo que nos creó.
El yoga es un bálsamo que nos nutre de adentro hacia afuera. Literalmente nos lubrica por dentro.
El yoga es para todas las personas, porque hay muchos estilos (hasta existe el yoga en silla). Si puedes respirar, puedes hacer yoga.
Yo pretendo hacer yoga el resto de mi vida. Definitivamente: Si todos practicáramos yoga, el mundo sería mejor.
Om Shanti.
Laura Velazquez
IG @lauraleva_
